Lingüística

EL TIEMPO. Cuento para aprender los minutos, las horas, los días, las semanas y los meses.

La semana pasada aplicamos juegos de lógico-matemática para aprender a sumar y/o multiplicar. Esta semana, sin embargo nos lanzamos al juego de la lingüística. Vamos a mostrar un cuento corto que habla del tiempo, además de la importancia de aceptarse a sí mismo.

¡Qué importante es que los niños aprendan la noción del tiempo!. Pero es cierto que explicarles que son los segundos, los minutos, las horas o los días puede resultar una tarea un poco aburrida y, sobre todo, complicada. Desde aquí te proponemos este cuento tan ameno. ¡Leéselo!

El segundo fue a protestar al tiempo:

  • ¡Estoy harto de que me cambien el nombre!. Además, soy el más pequeño, ¡no pinto nada en este mundo! – exclamó muy triste.

El tiempo lo miró confundido.

  • ¿A qué te refieres segundo?. No entiendo la causa de tu enfado y tu tristeza – le dijo.
  • ¡Mi nombre es segundo!. ¿Por qué si nos juntamos sesenta segundos nos llaman minuto?
  • Por eso no eres menos importante – contestó el tiempo al segundo.

El minuto estaba por allí merodeando.

  • ¡No eres el único!. Si nos juntamos sesenta minutos nos llaman hora – le contó.
  • Por eso no eres menos importante – contestó el tiempo al minuto.

También la hora andaba por allí.

  • ¡A mí me pasa igual!. Venticuatro horas de nosotras formamos un día – dijo gesticulando.
  • Por eso no eres menos importante – contestó el tiempo a la hora.

Y el día añadió:

  • ¡Si vamos siete días juntos, nos llaman semana!
  • Por eso no eres menos importante – contestó el tiempo al día.

Y la semana comentó alarmado:

  • ¡Lo mío si es un caos!. Da igual si nos juntamos cuatro o cinco semanas, nos llaman mes. ¡Qué jaleo!
  • Por eso no eres menos importante – contestó el tiempo a la semana.

A lo que el mes concluyó:

  • Pues nosotros, si nos juntamos doce meses nos llaman año – les dijo el mes.

Y el año replicó:

  • ¡No sé de qué os quejáis!. ¡Depende de los años con los que me junte me llaman de una manera u otra!. Lustro, década, siglo, milenio – exclamó echándose las manos a la cabeza.
  • ¡Basta ya!. ¡Por eso no sois menos importantes sino todo lo contrario!. – dijo el tiempo cansado de todas las quejas.

Segundo, minuto, hora, mes y año miraron al tiempo esperando que siguiera su discurso.

  • No habría año si no existiera el mes, no habría mes si no existiera la semana, no habría semanas si no existiera el día, no habría día si no existiera la hora, no habría minuto si no existiera el segundo … – dijo mirando a todos deteniéndose pausadamente en el último.
  • ¡Yo existo gracias a todos vosotros!

Al segundo se le iluminaron los ojos; aunque era el más pequeño, por primera vez, se sintió importante.

Todos se miraron comprendiendo: daba igual cómo los llamaran, seguían siendo ellos mismos y, entre todos, habían dado nombre a algo muy grande: EL TIEMPO.